Desde la frontera colombiana, Cipriano
Castro, Juan Vicente Gómez y otros jefes andinos invadieron el territorio
nacional, por el Táchira. La denominada “Invasión de los Sesenta” se inició el
23 de mayo de 1899, con el objeto de tomar el poder en Caracas, meta que
cumplió cinco meses después.
La estrategia militar aplicada por
Castro tuvo el siguiente desarrollo: Después de invadir el país, tomó su pueblo
natal, Capacho. Allí, en el Táchira, lanzó su proclama a los venezolanos, en
que justificaba su movimiento político-militar.
Se enfrentó con relativo éxito con los
ejércitos que el gobierno destacó en su persecución, pero como éstos se
encerraron en San Cristóbal, decidió dejarlos a sus espaldas y avanzar hacia
Mérida, donde nuevamente llegó triunfante después de ganar los combates del
Páramo del Zumbador y de Tovar.
Sin ocupar ningún territorio en forma
permanente, pues su pequeño y mal armado ejército no se lo permitía, pasó por
Trujillo sin intentar combatir, y así mismo, los caudillos trujillanos Araujo y
Baptista, tampoco trataron de detenerle en su avance hacia el Centro.
El General Torres Aular le hizo frente en las cercanías de Barquisimeto.
Castro prosiguió su avance sin pretender ocupar la capital del estado Lara. El
8 de septiembre de 1899 ya estaba en Nirgua, donde combate nuevamente con
tropas del gobierno que abandonan la plaza.
Ya en Carabobo, llegó al pueblo de Tocuyito el 12 de septiembre. El día 14
combaten sus 2.000 hombres, mal armados, contra 4.000 soldados del gobierno nacional
con armamento de primera: fusiles de repetición, ametralladoras, artillería
moderna y municiones ilimitadas.
A pesar de todos estos factores adversos Castro triunfó nuevamente y
ocupa Valencia. Desde allí, ya no tendrá que combatir más, sino negociar con un
régimen políticamente moribundo.
En términos puramente militares parecía imposible que un ejército
pequeño y armado con fusiles obsoletos, sin uniformes, sin artillería, escaso
de municiones y dominando sólo el territorio que pisaba, desafiara al
Presidente Andrade que tenía, aún después de la derrota de Tocuyito, el control
del resto del país y su capital, la marina, los ferrocarriles, dinero y armas y
un ejército casi intacto.
Castro entendió que su papel no era el de desgastarse enfrentándose a un
enemigo superior militarmente y bien equipado, sino penetrar en el corazón de
aquel país, políticamente postrado por las graves contradicciones existentes
entre los jefes militares liberales amarillos y el Presidente Andrade, a quien
casi nadie respetaba.
Por
otro lado, los liberales amarillos temían que las facciones guerrilleras mochistas hicieran causa común con
las fuerzas de Castro y liquidasen el dominio del partido que tenía tres
décadas en el poder.
Los
recelos y maniobras entre los que ocupaban el poder y las fuerzas del mochismo van a favorecer los
designios de Cipriano Castro.
Este audaz jefe andino, después de negociar
con todos, obtuvo el poder en Caracas, con el apoyo del general Víctor
Rodríguez, Presidente del Consejo de Gobierno, quien había asumido el mando 20
de octubre de 1899, después que Andrade huyó al extranjero, al sentirse
traicionado por los que le rodeaban.
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